Obediencia para crecer sanos

Dentro de los Valores para crecer sanos, quizá la obediencia sea el más importante. Sin embargo, es también el valor que más dudas despiertan en los tutores: ¿Cuándo debo comenzar a enseñar obediencia a los niños? ¿Cómo enseñarles a obedecer? ¿Es necesario aplicar disiciplina? ¿Qué reelevancia tiene? Quédate, porque hoy en Q vas a descubrir cómo enseñar Obediencia

Desde el momento en que tiene la capacidad de realizar la tarea solicitada. Por ejemplo, si el bebé o el niño ya es capaz de ir a la caja de juguetes y tomar y sacar juguetes, ese mismo movimiento ya lo puede hacer, pero a la inversa, es decir, guardando los juguetes en la caja. Si tiene la capacidad de sacarlos, la tiene para guardarlos. Ese es el momento en que, como padres, tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos que su responsabilidad es guardar sus juguetes.

Ahora bien, ¿cómo enseñar a tu hijo o a tu hija a ser verdaderamente obediente?

Recuerden los padres, las madres y los educadores de nuestras escuelas que la enseñanza de la obediencia a los niños es una rama superior de la educación. Demasiado poca importancia se le atribuye a este aspecto de la educación

ELLEN WHITE

No hay recetas mágicas para conseguir que el niño obedezca. Los pequeños son personas con decisiones propias y esas elecciones suelen entrar en colisión frontal con las órdenes de los mayores. Lo que sí es posible es evitar que sean ellos quienes nos ganen a pulso todas las batallas e intentar lograr un clima en casa en el que las calmas ganen a las tormentas.

La obediencia que se basa en el grito y la amenaza no educa, hiere. Debemos hacerle entender a nuestros hijos que cada norma tiene una finalidad, que cada demanda que les hacemos, así como cada prohibición, responde esas normas de convivencia a las que debe atenerse.

Consejos para favorecer la obediencia.

  1. La exigencia de obedecer debe hacerse de forma gradual. No se puede pasar de cero a cien. Es adecuado empezar pidiendo obediencia en tareas que para ellos son fáciles y agradables y, cuando esto se haya asentado, ir subiendo poco a poco a otro nivel de exigencia. Pequeños pasos que ayudarán a conseguir el objetivo final.
  2. Las instrucciones sobre lo que el niño debe hacer deben ser sencillas y claras. Deben expresarse siempre en un tono normal y a su nivel, nunca desde la habitación de al lado y gritando.
  3. Dichas instrucciones deben darse de una en una. Es mejor evitar dar muchas indicaciones al mismo tiempo.
  4. El niño debe acostumbrarse a recibir las órdenes una o dos veces para ser obedecidas. Si pasamos de ahí, lo único que conseguiremos será alterarnos emocionalmente. A partir de la tercera orden “no oída”, tendrá la consecuencia a su desobediencia y el niño debe saberlo.
  5. Hay que acompañar la buena conducta del niño con elogios y, ocasionalmente, con pequeños premios. Ensalzarlo y ofrecerle cariño cuando hace las cosas bien y obedece son, de cualquier modo, el mejor de los premios que puede recibir.
  6. De la misma forma, las situaciones en las que el niño no obedece deben tener una consecuencia (como por ejemplo, privarle de algo que le gusta) pero nada más, sin que obtenga una atención extra de la mala conducta y se esté toda la jornada aludiendo a ella.
  7. En muchas ocasiones funciona bien emplear técnicas conductuales como la economía de fichas o el carné por puntos. En lugar bien visible, se pondrán las normas a cumplir (pocas y sencillas) y los días de la semana: se darán puntos positivos cuando lo haga bien, pero también negativos cuando lo haga mal. Según el recuento semanal sea positivo o negativo, habrá premios o no.
  8. Evitar el castigo continuo. Llega un momento en el que los niños se hacen inmunes a él. Por eso es más adecuado el valor positivo a la buena conducta y la ignorancia a la mala, que una riña constante.
  9. Intentar evitar, en lo posible, inferencias de otros familiares, hay que informarles de lo que está intentando conseguir y ser tajante con el plan. Es importante evitar siempre que otros desautoricen ante los niños lo que se está haciendo para intentar que obedezcan.
  10. Escucha a tu hijo: muchas veces, la desobediencia tiene una razón de ser que debemos conocer y corregir.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Conoce más