La tan necesaria unidad

A mi me gustan las prédicas así: cortas, sencillas, al punto, sin vueltas; pero que, a pesar de ello, tengan tanta profundidad y significado que te dejen pensando durante días.

Sí, es cierto, el salmo 133, salmo que estudiaremos en esta entrada, fue escrito para introducir al oyente que caminaba hacia el templo a la alabanza que se daría allí (Nótese aquí lo visionario de autor, puesto que para esas alturas el templo todavía no había sido levantado) pero este Salmo es tan bello porque encierra un mensaje importante: Una de las mayores necesidades de toda comunidad es permanecer unida. Y De hecho, este es un tema tan vital que el mismo Jesús oró por eso (Juan 17:11; 20 – 23) y, más adelante Pablo predicaría abundantemente sobre el tema.

¿Y cómo es plantea el Rey David, autor de este salmo, esta situación? Poeta como pocos, David entremezcla dos imágenes: La primera es la del aceite descendiendo sobre la cabeza de Aarón hasta el borde de sus vestiduras.
En un clima caliente y seco como el de Palestina, el aceite humecta la piel seca y agrietada, produciendo una sensación de alivio. Y entrando al simbolismo, el ungimiento, especialmente del sumo sacerdote Aarón, había sido una ocasión muy especial y un símbolo que el espíritu de Dios estaría con él, dicho aceite tenía una fragancia especial, una receta secreta que no podía ser imitada.

La segunda escena es la del rocío que cae en el Monte Hermón. Una vez más, en un ambiente de tierra seca como el de Palestina, el rocío que cae de noche sobre las montañas altas es un frescor para las plantas, los animales y para las personas. El Monte Hermón se sitúa a cerca de diez mil pies sobre el nivel del mar y cuenta con una frondosa vegetación, incluso en los meses secos del verano. En comparación, Jerusalén (el monte de Sión) prácticamente no recibe lluvia durante 6 meses del año (O eso dicen los libros). Las bendiciones de Dios que caen sobre nosotros mientras vivimos en unidad y comunión con nuestra familia nos refrescarán y nos sostendrán, incluso en los momentos «de seca» en nuestras vidas. 

Por ello, el salmo cierra diciendo que las bendiciones de Dios nos dan «vida eterna», esa misma vida abundante de la que Jesús hablaría (Juan 10:10). ¡Qué incríble mensaje en tan pocas líneas! En la unidad y la comunión con Dios y su pueblo podemos disfrutar de la vida en abundancia y vivir una vida plena y con propósito. La unidad debe ser un bálsamo que refresque y que nos permita avanzar. 

La religión de Cristo no nos exige que renunciemos a nuestra individualidad o a nuestra identidad, sino que nos adaptemos, en la medida de lo posible, a los sentimientos y la idiosincrasia del cuerpo de Cristo, de lo que dicta el así dice Jehová

La religión de Cristo no nos exige que renunciemos a nuestra individualidad o a nuestra identidad, sino que nos adaptemos, en la medida de lo posible, a los sentimientos y la idiosincrasia del cuerpo de Cristo, de lo que dicta el así dice Jehová. Muchos serán traídos a la unidad de la fe aunque sus opiniones, sus costumbres y sus gustos en cuestiones temporales no concuerden; pero si el amor de Cristo ilumina su corazón y buscan su hogar en el mismo cielo, podrán llegar a tener la comunión más grata y admirable unidad.

Por ello, el secreto de la verdadera unidad en la iglesia y en la familia no yace en la diplomacia ni en la administración, ni en un esfuerzo sobrehumano para vencer las dificultades —aunque habrá que hacer mucho de esto— sino en la unión de cada miembro con Cristo, a través del aceite de la unción: El Espíritu Santo.

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